En 802 entramos en Febrero por todo lo alto con un nuevo reto: 21 días Mysore.

Mysore es un método de enseñanza del Ashtanga Yoga y se llama así en honor a la pequeña ciudad de India donde Shri. K Pattabhi Jois vivió y enseñó, continuando la forma de enseñanza de su profesor, T. Krishnamacharya. Este estilo de Yoga se transmite siguiendo la tradición Parampara.

Mysore es apto para todos los públicos, desde practicantes principiantes hasta los más avanzados que quieran conocer este método, ya que está totalmente personalizado y se va desarrollando al tiempo y capacidad de cada alumno, individualmente, de acuerdo a su cuerpo.

La práctica diaria aporta un crecimiento continuo a través de la repetición de las asanas, desafiando al mente y cuerpo, descubriendo algo nuevo sobre la postura y sobre uno mismo. Cuanto más conocimiento y destreza tengamos en nuestra práctica, iremos poco a poco incorporando nuevas asanas (posturas) que antes veíamos imposibles de realizar.

Cada persona tiene distintas aptitudes físicas, se encuentra tanto en un estado emocional como con necesidades distintas. Esta forma de Yoga nos brinda la oportunidad de desarrollar nuestra práctica sin sentirnos presionado por la práctica de otros estudiantes, y eliminando esa ansiedad que puede surgir cuando estamos en una habitación en la que todos deben seguir un mismo ritmo. Esto ayuda a encontrar esa unión o devoción hacia nuestra propia práctica.

Al principio puede resultar dura la práctica ya que requiere de fortaleza física y mental; levantarse temprano por la mañana para realizar la práctica requiere de disciplina. La repetición de las asanas exige paciencia y dedicación. Y practicar cada día demanda rigurosidad.

Pero no nos asustemos: ¡con la práctica todo llega!

Pattabhi Jois, el fundador y padre del método Ashtanga estilo Mysore decía “Practice and all is coming” (práctica y todo llega). Absolutamente todo. Lo bueno y lo malo. La fortaleza y los miedos. El coraje y las inseguridades. El amor y la frustración.

Por ello Ashtanga no es sólo una práctica, sino que puede convertirse muy fácilmente en un estilo de vida.

O acaso ¿no queremos superar nuestros miedos, enfrentarnos a nuestras dudas e inseguridades y poder vivir cada vez más intensamente en el presente?

Las asanas son sólo una herramienta, no son el fin. Las asanas nos ayudan a llegar a un estado más completo con nuestro ser. La práctica nos sirve como meditación en movimiento. Y el compromiso con ella nos lleva a respetarnos a nosotros mismos.

Cada momento es una posibilidad para sentirnos completos.

Y ahora os preguntaréis, ¿y por qué 21 días?

Hay una teoría que podemos aplicarla tanto en el deporte como en nuestra vida personal que dice que si somos constantes y realizamos aquello que pretendemos conseguir cada día, a la misma hora, durante tres semanas, sobrepasamos la barrera de lo que nos cuesta y que se convierta en un hábito.

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